"María dio a luz a su Hijo"

Las lecturas de la misa del Gallo giran en torno al simbolismo de la luz y de la noche: es una noche llena de Luz.

El profeta Isaías nos habla de cómo la luz inunda de alegría al pueblo que camina en tinieblas. Esa luz es un recién nacido, el Príncipe de la paz, que establecerá la justicia y el derecho ahora y por siempre.

El salmo responsorial nos invita a cantar con alegría pues ha nacido el Señor.

Escuchando a san Pablo en su carta a Tito podemos meditar cómo esa luz que inunda las tinieblas es la gracia salvadora del Señor recién nacido, que ilumina y purifica nuestra imperfecta humanidad.

El pasaje de san Lucas es quizás el más tierno y conmovedor de todas las Escrituras. Todo nacimiento de un niño nos toca profundamente el corazón, pero más aún cuando este Niño es la Luz divina que da sentido a nuestra vida.

1ª lectura: Isaías 9,1-3.5-6

Siempre brillará una gran luz

1. El poema de Isaías sobrecoge por su hermosura, por su descaro para proponer lo que no se toca con las manos, pero que siempre se sueña. Lo profetas siempre son utópicos, pero realistas cuando es necesario. Como canto de esperanza y de gozo, es una exhortación a la alegría. Atrás quedan muchas cosas de la historia de un pueblo: guerras y opresiones, deslealtad y búsqueda de “dioses” que no tienen ojos, ni corazón. Hay, pues, un horizonte de luz para el pueblo. La luz, por tanto, se convierte en el signo de este poema. La luz trae la vida, la salvación, y por eso, hasta la noche es hermosa, cuando en ella “hay luz”.

2. La luz es, por otra parte, el signo de la gran liberación que el profeta propone al pueblo en nombre de Dios. Liberación que habla de la utopía de la justicia; y con la justicia la paz, shalom, esa palabra clave de la Biblia y de todo corazón humano. La paz nunca se puede dar sin justicia. Bien es verdad que es algo más que el “orden”: es un bien “mesiánico” con todas las de la ley. La tiranía del opresor, su vara, las botas del soldado y el manto manchado de sangre han sido destruidos. La luz siempre evoca la acción creadora y salvadora de Dios. No olvidemos que a muchos esclavos del pueblo les habían sacados los ojos… para no ver; así habían caminado a un destierro.

I.3. ¿Quién trae todo esto? “un niño”. El profeta, desde luego, no piensa en el niño de Belén. Nosotros, sin embargo, solamente podemos leer este poema desde Belén. Es uno de los privilegios de la hermenéutica cristiana. Tenemos todo el derecho a ello, porque podemos ir más allá del poema y de las circunstancias históricas (probablemente se refería al niño que sería después el rey Ezequías). La utopía se realiza en la historia concreta, humana, entrañable: un niño, un hijo, uno de nosotros es quien puede traer todo esto. Probablemente se ha podido inspirar el profeta en poemas de “entronización”... pero es un canto a la justicia y a la paz. Y esto en la tierra no se hace presente si Dios no interviene y nosotros le dejamos intervenir: eso es Navidad.

2ª lectura: Tito 2,11-14

Se ha hecho presente la gracia de Dios

1. En la noche de Navidad, esta especie de confesión de fe primitiva, recogida en el texto de la carta a Tito, evoca la grandeza del misterio de esta noche santa. El texto, que viene después de una exhortación a los esclavos, habla de una epifanía (epiphanía), así comienza; y a continuación se desgranan una serie de expresiones llenas de sentido: la gracia (charis) de la salvación (sôtería) de Dios “para todos” (pasin) los hombres. El pensar que la salvación de Dios es para todos los hombres, para la humanidad, es muy importante. Porque Dios se ha hecho hombre por todos. Esto conviene resaltarlo a todos los efectos, porque en el corazón humano es donde debe reinar esa gracia de la salvación de Dios. Por tanto, todos los hombres, esclavos o libres, estamos llamados a ser nosotros mismos en Cristo nuestro salvador.

2. Todo esto recuerda el hecho de una liberación que el pueblo de Israel ha sentido en sus carnes (cf Dt 14,2). Ahora acontece algo semejante, o mejor, mucho más grandioso: ¿por nada? (Desde luego que no!, Nadie puede ver a Dios, ni a su salvador Jesucristo, viviendo en la impiedad y en la injusticia (asebeia - adikía). No es es simplemente por el pago de una vida ética y moral, como en cierta forma se puede leer el texto. Es algo que va mucho más allá de la vida del mundo, de los criterios del mundo y de la impiedad del mundo. Se trata de tener una experiencia nueva del Dios que tiene un proyecto absoluto: la salvación de todos los hombres. Y esto comenzó a ser realidad en la “encarnación”. Todo esto se escribe con la mano de Dios. Y la historia “nueva” de la humanidad no puede escribirse sin el Dios salvador.

Evangelio: Lucas 2,1-14

Cur Deus homo? ¿Por qué Dios está entre nosotros?

1. Henos aquí ante el gran texto de la noche de Navidad. La Navidad de Occidente se ha expresado siempre en la “noche” por este relato primoroso; hemos de reconocerlo. El mundo no celebraría la Navidad sin esta narración, aunque sea en esa noche que antes del cristianismo era divino-pagana (era la celebración del solsticio de invierno y la fiesta del “sol invicto”) y ahora es divino-humana. Lucas, su creador, se ha cubierto de gloria como escritor y como teólogo, quizá no tanto como historiador. Hay muchas maneras de leer e interpretar el conjunto, que en realidad debería contemplar los vv. 1-21, pero la última parte se reserva para otro día del tiempo de Navidad, o para la misa de la aurora, donde se celebre. El conjunto narra e “interpreta” lo que significa el nacimiento de Jesús, el Salvador, el Mesías y el Señor en la “ciudad de David”. Los tres títulos que llenan de contenido el anuncio del cielo. Habría que decir muchas cosas desde el punto de vista exégetico y narrativo. Pero nos vamos a reducir a lo más esencial.

2. El evangelio de esta noche está planteado en dos momentos. En el primero (vv.1-5) se muestra la autoridad del “César”, dueño del imperio, del mundo de entonces. Un “dogma”, un decreto suyo, moviliza a los oprimidos y esclavos de su autoridad y de su poder. Si analizamos lo que de histórico hay en todo esto, quizás no podamos aceptar cada uno de los pormenores de este relato. Pero entre esos “sometidos” estaban los padres de Jesús que tienen que “ponerse en camino”, que es una constante del evangelio de Lucas. Jesús antes de nacer ya está caminando, como cuando su madre va a visitar a Isabel. La elección de todo esto por parte de Lucas puede responder a la historia, pero sería lo menos importante el probarlo. Lo que verdaderamente nos debe llamar la atención es cómo el “dios” del mundo (Augusto era considerado divino, un dios) quiere “censar”, controlar, someter, hacer pagar tributo a todos los habitantes del mundo (oikumene). Y es eso lo que pretende Lucas que se considere como causa de un acontecimiento de gracia y salvación: la visita de Dios a los que no tienen derecho y libertad y, por lo mismo, al mundo entero, en contrarréplica al decreto y a la autoridad del “dios” de Roma (Augusto) que ha construido un imperio sobre la esclavitud y la injusticia.

3. El segundo momento (vv. 6-14) quiere presentarnos al Dios de verdad, según Lucas. Las cosas van a ser bien distintas a todos los efectos: un grupo de pastores se van a convertir en “los emisarios” de la voz y el proyecto de Dios, lo que es verdaderamente extraño. Estos no tienen la autoridad de Quirino para llevar a cabo su cometido. Tampoco hay un “decreto”, un “dogma”, como en la primera parte, sino una “voz” celeste, la del ángel del Señor y la gloria (kabod) que los envuelve. Todo es demasiado irreal por el contraste que se representa. Se podía haber elegido unos emisarios más dignos del testimonio que habían de dar. La intencionalidad, pues, es kerygmática, se dice; proclama que Dios, cuando parece que todo está perdido para los sin ley, sin derecho y sin nombre, tiene una palabra que decir y visita a los suyos. Cuando María no encuentra “acogida” para dar a luz, el cielo muestra que nada hay imposible para Dios. El Salvador, el Mesías y el Señor ni siquiera tiene sitio en la “ciudad de David”. Cualquier letrado hubiera interpretado que la ciudad de David era Jerusalén, pero los ignorantes pastores aciertan con la otra ciudad de David, la verdadera, la primitiva, la que había perdido su rango y su historia. En el caso de la tradición primitiva recogida por Lucas es Belén, pero nosotros tenemos derecho a interpretar que Belén es más una ciudad teológica que histórica.

4. Desde el cielo se les da un “signo” (sêmeion): “un niño envuelto en pañales y acunado en un pesebre (phatnê)” ¡Vaya signo! ¿Existe relación entre los títulos de quien ha nacido: Salvador (sôter), Mesías (christos) y Señor (kyrios) con este signo? ¡Desde luego que sí! Pero solo para quien tiene el alma y la conciencia de los pastores y los marginados, de los “sin poder”. Pues he aquí lo extraordinario y la grandeza de la noche de Navidad: se trata de signos muy humanos que hacen posible hablar de una noche divino-humana, como ya hemos apuntado. Nadie reconocería a un personaje de tales títulos en un niño empañado, que es lo primero que hace una madre cuando da a luz a su hijo. Para unos ignorantes y pendencieros pastores era muy poco para reconocer al Salvador y Señor. Y sin embargo no se equivocaron; lo humano es verdaderamente reconocible. La historia que comenzó desde la tiranía de un decreto, la convierte Dios, por obra y gracia de su decisión salvífica, en una historia de liberación y de amor. Dios, pues, está entre nosotros porque quiere divinizarnos a todos, humanizándonos. ¿Cómo? El himno de los ángeles, como colofón, lo deja claro: con el don de la paz que Dios entrega a los que ama; los que son objeto de su benevolencia. Efectivamente, navidad se escribe con la mano del Dios vivo y verdadero que sale a nuestro encuentro.

fray Miguel de Burgos Núñez

 

 

Los que viven en el campo saben bien lo que es la oscuridad de la noche. En cambio, en las ciudades, debido al alumbrado público, ésta se hace mucho menos patente.

Antiguamente, cuando aún no se había inventado la electricidad, la noche sumía al mundo en las tinieblas, sobre todo cuando la luna no proyectaba su plateada luz. Entonces era muy peligroso aventurarse a estar a la intemperie, porque en las tinieblas cualquier cosa podía pasar. Al llegar la noche, en cierto modo el mundo se sumía en el caos.

Pero, paradójicamente, en medio de la total oscuridad, el firmamento cobra toda su belleza y esplendor. Cuando alzamos la mirada a lo alto y contemplamos el cielo cubierto de estrellas, nuestro corazón se llena de paz y alegría disfrutando de tanta hermosura. Fray Luis de Granada afirma que el firmamento estrellado, con su apabullante belleza, armonía y grandeza, es el elemento de la naturaleza que mejor nos habla de Dios.

Al contemplar con fe el firmamento, nuestro corazón se llena de amor por nuestro Creador.

Pues bien, en el contexto de la oscuridad de la noche la Iglesia celebra la Misa del Gallo. En medio del caos y el peligro, una Luz se hace presente para alumbrar nuestra vida, para darle todo su sentido.

Dios creó el mundo bueno y bello, pero el ser humano lo sumió en la oscuridad del pecado. Y la humanidad caminó en medio de las tinieblas, en medio del peligro y el caos, hasta que Dios tuvo a bien enviar a su Hijo al mundo para alumbrar nuestras vidas.

El Niño Jesús vino para dar fin a aquella larga noche espiritual. No es de extrañar que el lugar de su nacimiento fuera indicado por una estrella, pues Él es la estrella más esplendorosa, la luz más hermosa.

La belleza del firmamento estrellado nos habla de lo hermosa que se vuelve nuestra vida cuando Jesús nace en medio de ella. Con Él, la oscuridad y el caos de nuestro corazón son transformados en amor y felicidad.

Pero la Navidad no es sólo una experiencia personal: es ante todo una experiencia comunitaria que celebramos junto a la familia y la comunidad parroquial o religiosa.

Y hemos de reconocer que ni nuestra familia ni nuestra comunidad son perfectas. Hay algunos momentos en los que no son precisamente un ejemplo para nadie. A veces es mejor esconderlas «debajo del celemín o de la cama» (Mc 4,21), pues, más que luz, transmiten tinieblas…

Esa experiencia también la vivió el decadente Pueblo de Israel en tiempos del profeta Isaías, como nos narra la primera lectura que hemos leído. Pero nosotros, como él, hemos «visto una luz grande» (Is. 9,2). Y hacia ella hemos caminado espiritualmente durante el tiempo de Adviento hasta llegar a esta noche, la Noche Buena, en la que celebramos que «un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» (Is. 9,5), para dilatar nuestra existencia «con una paz sin límites» (Is. 9,6).

Es la Noche de Paz en la que compartimos todos juntos la Buena Noticia del nacimiento del Salvador en medio del mundo. Él se ha hecho carne, uno de nosotros, para llenar de luz nuestra existencia, para dar pleno sentido a nuestra vida.

Aunque a veces parece que vivimos en una «noche» oscura e impenetrable, y pensamos que nunca pasará, que no podremos vencerla, que siempre seremos «tiniebla»… la fiesta de Noche Buena nos dice que no hay mal en el mundo que no sea superable, que no hay tristeza ni angustia que no se puedan vencer, pues Dios nos ha enviado un Salvador cuya Palabra es revitalizadora, iluminadora, resucitadora…

Con el nacimiento del Hijo de Dios el mundo recobra la vista. Y lo mismo podemos decir de nuestra familia, de nuestra comunidad y de cada uno de nosotros. Es una experiencia semejante a la que tuvo aquel ciego de Jericó que fue curado por Jesús (cf. Mc. 10,46-52): la vida nos cambia totalmente porque se llena de sentido.

En definitiva, la Noche Buena, la noche de Navidad, es la fiesta de la esperanza, en la que experimentamos que, efectivamente, una Luz ha nacido en el mundo y esa Luz brilla en nuestro corazón.

fray Julián de Cos Pérez de Camino

 

 

Crónica administrativa

El evangelista san Lucas nos narra el nacimiento de Jesús como si se tratara de un acto puramente administrativo dentro del Imperio Romano.

Se habla de una orden para llevar a cabo un censo en el Imperio. Algo que, por su extensión, sólo podía firmarlo Augusto, el Emperador de Roma. Como ejecutor más inmediato, Quirino, gobernador de la provincia senatorial de Siria. Los personajes de nuestra historia, José y María, suben a Belén, por ser de la estirpe de David. Al sentir allí María la llegada del parto y no haber sitio para ella en la posada, se refugian junto a un pesebre, donde tiene lugar el nacimiento de Jesús.

Sólo crónica. Pero, como en toda crónica, los detalles, la precisión y las palabras, marcan toda la diferencia. En orden descendente: Augusto, Quirino, Nazaret, Belén de Judea, José y María, la posada llena, el pesebre y Jesús. Sobresale el contraste intencionado entre Augusto, el emperador del mundo, y un niño recién nacido, nada, aparentemente nadie, pero realmente el Hijo de Dios.

 Liturgia celestial

En la narración de San Lucas hay crónica, pero no sólo. Hay unas pautas, como una luz que ilumina el misterio que se encierra en esa crónica y en esos acontecimientos. Y esa luz se dirige hacia arriba, hacia el cielo.

En un segundo momento, entran en escena los ángeles que anuncian “la gran alegría, la buena noticia para todo el pueblo –para todo el mundo-“, el nacimiento del Mesías, del Salvador. “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama”.

A Dios la gloria y a nosotros, los humanos, la paz. Este es el mensaje y el deseo de Dios desde Nochebuena hasta siempre. Esta es la encomienda que nochebuena nos entrega: Paz. Con nosotros mismos para poder tenerla con los demás; y con nosotros y con los demás para poder tenerla con Dios. Esta es la forma que Dios busca para que le glorifiquemos en el cielo. ¿Cómo reconocer la paz a la que se refiere Dios por medio de los ángeles? Los signos se nos han dado: “Ahí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Un Niño, sólo un Niño, con el sello de Dios, la sencillez y el desprendimiento.

Liturgia terrenal

La celebración y la liturgia más humana la protagonizan los pastores. Estaban guardando el ganado en las colinas, más que montañas, de Belén. “Estaban velando, por turno, su rebaño”. Y es a ellos a quienes se dirige el ángel: “No temáis, os anuncio la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo”. Y los pastores, gente sencilla, van a Belén, se dirigen al portal, felicitan a María y a José, y les dicen cuanto han visto y oído.

Cada detalle es importante. Pero, por encima de los detalles están las personas. Y a mí me llaman la atención en este misterio Dios que habla y María que escucha. Todo propiciado por el Niño Dios.

Dios y María

“No temáis”, dice Dios, por medio del ángel. No temamos. Es un sentimiento muy humano ante lo desconocido y ante lo que nos supera. María tuvo que escuchar lo mismo nueve meses antes a otro ángel que hablaba en nombre de Dios. Jesús tuvo que repetir lo mismo que su Padre muchas veces a lo largo de su vida: “No temáis”. No temáis a nada ni a nadie, porque la seguridad que da el Niño, compatible con todas las miserias y carencias humanas que podamos imaginar, es superior a todo. No temáis, no temamos, porque estamos en las mejores manos; y de esas manos nadie nos podrá apartar más que nosotros mismos. Y que se nos note que no tememos, que sólo cantamos, celebramos y agradecemos.

“Os traigo la buena noticia, la gran alegría”, dice Dios a los pastores por medio del ángel. La noticia esperada durante siglos y preparada por medio de profetas, reyes y sacerdotes. La noticia más consoladora para quienes se sentían dominados por potencias extranjeras. La gran alegría de tener entre ellos al Hijo de Dios, al Mesías. Para nosotros, que sabemos más que los pastores de Belén, la alegría de todo lo que significó el Niño cuando se hizo adulto y nos mostró el rostro de su Padre antes de ofrecerse a él por nuestra salvación.

“María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”. Las cosas de Dios y, en particular, las cosas de aquel Niño. Y así empezó a ser la primera cristiana, la primera creyente, el modelo de la mujer orante. Se fijaba en todo, lo memorizaba, lo guardaba, lo meditaba, lo oraba y lo practicaba. Y todo con la sencillez de quien sólo se consideraba la “sierva del Señor”, aunque ella y nosotros sabemos que era su Madre. Todo un misterio. Todo un ejemplo, como el silencio y el saber estar de José.

Si como María hemos adorado al Niño, como María guardemos el misterio en nuestro corazón. Si, como los pastores, hemos visto, oído o al menos intuido, el misterio que celosamente guardamos, como los pastores vayamos y contemos.

fray Hermelindo Fernández Rodríguez

 

 

"María dio a luz a su Hijo"

Primera Lectura: Isaías, 9,2-7

1) ¡Dios es la luz de los hombres que disipa las tinieblas!

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombras, y una luz les brilló. El binomio luz-tinieblas está presente en toda la historia de la salvación. En los orígenes las tinieblas lo invadían todo. La intervención creadora de Dios con su Palabra y con su Espíritu será una victoria de la luz sobre las tinieblas. Todo el universo brillaba con luz esplendorosa... Para tus fieles brillaba una espléndida luz... Cuando un silencio apacible lo envolvía todo, y la noche llegaba a la mitad de su veloz carrera, tu omnipotente palabra se lanzó desde el cielo, desde el trono real, cual implacable guerrero... traía como aguda espada un decreto irrevocable (Sb 18,14s). Con el Nacimiento del Mesías se tiende un puente entre la tinieblas y la luz. En adelante el hombre podrá vivir siempre en la luz. Nuestro mundo actual necesita de la luz como en pocas etapas de la historia. De la luz que viene de Dios y que alcanza a la vida humana en todos sus niveles. Los creyentes somos invitados esta noche a dejarnos empapar de la luz del Mesías que se nos regala y luego ser lámparas encendidas a nuestro alrededor.

2) ¡Dios nos hizo para la felicidad y nos quiere felices!

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: se gozan en tu presencia. Una lectura atenta de la Escritura, especialmente del profeta Isaías, nos convencerá de la importancia que la alegría tiene en el plan de Dios. Ya desde la creación nos hizo para la felicidad. Dios que es eterna y plenamente feliz proyectó sobre su creación, especialmente sobre el hombre, esta realidad profunda en que Él vive. La venida del Mesías, que restaurará el plan de Dios no podía estar ajena a esta experiencia de alegría y felicidad. Todos somos conscientes de que vivimos en un mundo muy ruidoso, que acaso ríe a carcajadas. Pero está muy ayuno de la verdadera alegría y felicidad que el profeta entiende ha de ser la proyección visible de la que Dios posee. Los creyentes hemos de ir por el mundo irradiando una alegría (muchas veces incomprensible) que nadie nos puede quitar, porque es la que necesita el mundo que nos rodea. Porque, en palabras de la Doctora Santa Teresa, "un santo (discípulo de Jesús) triste es un triste santo".

3) ¡Dios entre los hombres: una promesa desbordante!

Porque un niño nos ha nacido... Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz. Es una de las más bellas profecías mesiánicas. Utiliza imágenes apropiadas enmarcadas, lógicamente, en el mundo religioso y cultural en el que él vive. Todas estas imágenes y calificativos apuntan y convergen en el gobernante ideal que conduce a su pueblo hacia la paz. Esta palabra, que aparecerá de nuevo a lo largo de este tiempo navideño, engloba según la comprensión bíblica todos los bienes de salvación que Dios ofrece al hombre: desde los más espirituales hasta los más tangibles y experimentables. El mundo cuenta, entre sus tesoros más inapreciables, la presencia siempre actual del Príncipe de la paz que quiere conducirlo hacia ella. Necesitamos tomar más en serio la paz y la equidad en el mundo. En todas sus manifestaciones: la paz íntima del corazón zarandeado por innumerables preocupaciones, en las familias, en la convivencia cotidiana, en las relaciones públicas nacionales o internacionales. La paz que está amenazada por todas partes. Dios es un Dios de paz no de aflicción.

Segunda Lectura: Tito 2,11-14

1) ¡Dios ofrece gratuitamente la salvación a todos los hombres!

Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres. Toda la Escritura, desde la primera promesa de salvación (Gn. 3,15) pasando por la promesa hecha a Abrahán (Gn. 12,1ss) y realizada en plenitud en Jesucristo es una proclamación del proyecto universal de Dios en favor de todos los hombres de todos los tiempos. Dios no tiene acepción de personas, no excluye a nadie del banquete festivo de su Reino. Y se ha cumplido con la Encarnación de Jesucristo, consumado plenamente en el misterio pascual. Esta oferta de Dios tiene consecuencias concretas y exigentes. Si este el proyecto de Dios, el Padre de todos, todos los creyentes han de ir por el mundo proclamando con sus vidas esta realidad. Es necesario romper fronteras y derribar obstáculos que surgen por todas partes. Hoy experimentamos a todos los niveles la grave realidad de los racismos y discriminaciones de todo género. Navidad es la realización del recorrido de Dios (infinito) al hombre finito. Y es una invitación urgente a que todos realicemos el recorrido que va de mí a mi hermano y de mi hermano a mí.

2) ¡La gratuidad de Dios exige una respuesta convincente!

Llevar desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos... Para prepararse un pueblo dedicado a las buenas obras. El autor de la Carta a Tito se encuentra en un momento en el que los cristianos parecen perder el primer frescor del evangelio. La Iglesia en aquellos momentos padece crisis muy alarmantes tanto en el ámbito doctrinal como práctico. El autor de esta carta se ve en la obligación pastoral de llamar al atención. Ciertamente Dios ha puesto toda la creación al servicio del hombre, de todos los hombres. Hoy se nos invita a vivir en el tiempo presente con moderación, justicia y religiosidad. La utilización de todos los bienes de la naturaleza y de todos los recursos exige la justa distribución de los mismos. Navidad debería ser un momento privilegiado para que los creyentes reflexionasen sobre su actuación en todos los ámbitos: laboral, nacional e internacional para comprobar qué hemos hecho y qué estamos haciendo con los bienes que son de todos. La contemplación de la escena de Belén plantea graves y urgentes interrogantes y está clamando por profundas y serias actuaciones de los discípulos de Jesús.

3) ¡El proyecto de Dios sobre los hombres es único en sus etapas!

Aguardamos la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo. El misterio que celebramos esta noche nos invita a dirigir la mirada en tres direcciones: futuro, presente y pasado. El futuro de la vuelta gloriosa del Señor es un acicate para el presente de la historia de la salvación que se apoya en el pasado de las maravillas de Dios que ahora actualizamos. La Escritura nos urge a vivir aquel pasado como un "recuerdo", es decir, una actualización y presencialización de lo que aquello significó y sigue significando. Esta noche santa, que no debe esfumarse en una inoperante memorización, debe urgir al creyente a contemplar reposadamente aquel acontecimiento y por qué se ha producido. En silencio junto a José y María es necesario y urgente meditar en lo sucedido. Dios, infinitamente rico, pobre. Dios, infinitamente santo, asume la naturaleza humana menos en el pecado. Algo debería cambiar en nuestra vida.

Evangelio: Lucas 2,1-14

1) ¡El nacimiento de Jesús en medio de la historia: Dios realmente entre los hombres, entre los pobres!

Salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.... Historia y proyecto de Dios. La Escritura nos invita a contemplar siempre el proyecto de Dios inmerso en la historia de los hombres. No permite la huida de esta historia, aunque parezca desconcertante. Esta es la característica de la fe cristiana que es histórica, es decir, que contempla a un Dios transcendente y poderoso acomodándose pedagógicamente al desarrollo de la historia para realizar su proyecto salvador en favor de los hombres. Y el acontecimiento central de esta historia de la salvación, como no podía ser de otro modo, se realiza también en un marco histórico concreto y desconcertante. Por mandato de un emperador, usurpador e invasor del país del pueblo de Dios, el Mesías va a nacer en Belén. Dios actúa así. La grave tentación de nuestro mundo es la huída a no sabe dónde. El hombre intenta huir, alejarse de la historia real, porque sospecha, intuye o experimente que en el marco de la historia todo es paradójico y desconcertante. Y el creyente está asaltado por esa misma tentación. La realidad y el mensaje de esta Noche santa le invita con urgencia a tomar en serio el marco histórico en que le ha tocado vivir. Pablo nos invita a redimir el tiempo y el espacio. Esa es nuestra tarea: hacer de esta desconcertante y escandalosa historia una historia de la salvación en todos los ámbitos en que se desenvuelven nuestras vidas.

2) ¡Desconcertante y esperanzador mensaje: os traigo una gran alegría para todo el pueblo!

No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Son un relato de anunciación, una revelación. Cuando se hace presente Dios por medio de sus mensajeros, los receptores siempre sienten temor y espanto ante lo inesperado y lo divino. Pero lo importante es el mensaje que se quiere revelar. Es necesario saborear todo el sentido que el Espíritu Santo nos ofrece a través del evangelista. Estos títulos aplicados a Jesús los reveló el Espíritu a la Iglesia después de la Pascua. Pero ahora se anticipan a la Infancia para revelarnos la hondura de la presencia de Dios en aquel marco tan sumamente austero y simple. ¡Dios es así! estamos saboreando la Navidad desde la Pascua y el don del Espíritu. Y esto es la gran Buena Noticia que el mundo necesita. Debemos prestar hoy especial cuidado al actualizar este acontecimiento. Lo estamos reviviendo desde el misterio pascual. Eso significa para el creyente un compromiso serio frente a la historia que vive. En la Pascua se produjo la gran liberación, para que en la Navidad celebrada hoy se realice de nuevo. No celebraremos bien la Navidad si no se rompe a nuestro alrededor algún lazo esclavizador que imposibilita la verdadera comunión en la familia, en el trabajo, en nuestros compromisos sociales.

3) ¡Gloria y paz!

Una legión del ejército celestial alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra, paz a los hombres que Dios ama. En el lenguaje de la Biblia la "gloria" designa la automanifestación gloriosa de Dios. La gloria se manifiesta en la creación, pero sobre todo en la historia de la salvación (grandes gestas de Dios). Al fin de los tiempos se espera una manifestación definitiva de la "gloria" mediante la salvación de Israel. Esta Noche, como la de Pascua, son apropiadas para recordar, experimentar, proclamar, y recibir la gloria de Dios. Gloria y paz. La paz es el bienestar en el más amplio sentido de la palabra, la dicha, la salud corporal, la tranquilidad, el entendimiento pacífico entre los pueblos y los hombres, la salvación entendida como una realidad estable. Se participa a la vez en la paz y en los dones salvíficos. La Escritura testimonia que en estrecha relación con la paz se encuentra la justicia sin la cual aquella es imposible. La gloria y la paz están estrechamente vinculadas entre sí y con el plan salvador de Dios, de tal manera que la paz es la síntesis y la suma de todos los bienes salvíficos que Dios ofrece gratuitamente al hombre y en cuya recepción y proclamación se manifiesta la gloria de Dios. El profeta Isaías proclamaba: Convertirán sus espadas en arados, sus lanzas en podaderas. No alzará la espada nación contra nación, ni se prepararán más para la guerra (Is 2,4). Esta palabra nos urge hoy a educarnos para la paz y no para la guerra. Los acontecimientos que se agolpan parecen desmentir este proyecto amoroso de Dios. Las naciones se preparan cada vez más para la guerra. Pero la verdadera paz no se construye sólo desde arriba. El edificio de la paz se comienza a construir desde abajo: nuestra propia intimidad y nuestra comunión con el Príncipe de la paz hasta alcanzar a las múltiples relaciones sociales y humanas. La paz es muy frágil y muy necesaria para los hombres. ¡Así se celebra bien el Nacimiento del Príncipe de la paz! Los creyentes debemos, esta Noche, asumir gozosamente la misión de hacer sensible y tangible al mundo la gloria de Dios respondiendo a su proyecto salvador y asumiendo el compromiso de llevarlo a los demás mediante la construcción de la paz. Dichosos los que promueven la paz porque ellos son hijos de Dios (Mt 5,9). Es el resultado del misterio pascual de Cristo: Por medio de él quiso reconciliar consigo todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra, trayendo la paz por medio de su sangre derramada en la cruz (Cl. 1,20).

fray Gerardo Sánchez Mielgo

 

 

Un feligrés dijo a su párroco: "Yo asisto a la Misa de Gallo para celebrar el gran escándalo".

¿Si usted fuera Dios se convertiría en un ser humano?

¿Acaso no sería mejor ser Dios en el cielo, esté donde esté y sea lo que sea ese cielo, que sumergirse en la sórdida condición humana con sus limitaciones y fracasos?

¿Cómo se puede contestar a este feligrés?

¿Cómo se puede celebrar este gran escándalo que es la Navidad?

Un amor grande y verdadero es siempre un gran escándalo.

Navidad más que una fecha del calendario, más que una fiesta reciclada por los grandes almacenes, es un gran escándalo, es la fiesta de un gran amor.

Nosotros, los cristianos, estamos llamados a reciclarla poniendo en el centro al protagonista de la fiesta: Jesucristo y su escandaloso amor.

 

Érase una familia que viajaba el día de Navidad. A la vuelta a casa pararon a comer. El restaurante estaba casi vacío.

Eric, un bebé de dos años, saludó con su manita y su parloteo a un vagabundo que allí se encontraba.

Hola, pequeño amigo, le dijo el viejo vagabundo. Y Eric continuó riendo y diciéndole cosas. Sus padres se sentían muy molestos y humillados y con unas ganas enormes de que aquel juego terminara.

Cuando fueron a pagar, Eric corrió hacia el vagabundo y descansó su cabecita en su hombro. Los ojos del hombre se cerraron y las lágrimas brotaron de sus ojos tristes. Sus manos arrugadas y sucias acariciaron al niño y le dio unas cariñosas palmaditas en la espalda. Después con voz firme le dijo a la madre: "Cuide bien a este niño. Dios les bendiga. Señora , me ha dado usted mi regalo de Navidad".

La madre corrió hacia el coche con Eric en sus brazos diciendo: Dios mío, perdóname.

Navidad está encerrada en esta historia verdadera. Y Navidad también es una historia verdadera.

Eric es Dios. El vagabundo somos nosotros.

Eric es el deseo y la pasión de Dios por cada uno de nosotros, pobres vagabundos con nuestras vidas rotas.

Eric es dos brazos decididos a abrazarnos.

Eric es el niño que no sabe de diferencias sociales y que quiere abrazar y charlar con el más pequeño de los hombres.

"La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros".

Si Dios no está con nosotros y no ha abrazado nuestras vidas rotas, no hay esperanza para nosotros.

Estamos aquí, en la casa de oración, a causa del amor y como los pastores nos arrodillamos y regocijamos ante el Emmanuel y Eric, Jesús, nos sonríe y abraza.

La Palabra se hace carne en los que sanan, perdonan, hacen justicia, comparten y son misericordiosos.

 

Dos hermanos de 8 y 10 años eran el terror del barrio. En todas las travesuras que en él sucedían, allí estaban los dos. Sus padres, agotada la paciencia, no sabían qué hacer con ellos.

Habiendo oído hablar de un cura que trabajaba con muchachos delincuentes, la madre le pidió que hablara con sus hijos. El cura accedió pero le dijo que quería hablar primero con el más pequeño. Y la madre se lo llevó.

El cura le mandó sentarse y quiso hacerle caer en la cuenta de que Dios está EN TODAS PARTES y lo ve todo.

Con el dedo apuntó al niño y le preguntó: ¿Dónde está Dios?

El niño no dijo nada.

De nuevo, el cura apuntó su dedo hacia él y le preguntó: ¿Dónde está Dios?

El niño no dijo nada.

Por tercera vez, con voz fuete y firme, con el dedo tocando casi su nariz le preguntó: ¿Dónde está Dios?

El muchacho se asustó tanto que salió corriendo hacia su casa.

Al llegar a casa se encontró con su hermano y subieron a la habitación donde planeaban todas sus maldades. Y le dijo: "Ahora sí que estamos metidos en un GRAN lío". Su hermano le preguntó qué quería decir con eso de un GRAN lío. Y éste le contestó: "No encuentran a Dios y piensan que nosotros lo hemos escondido".

¿Dónde está Dios?

La Navidad nos responde a esta vieja pregunta.

Dios no quiere quedarse en su pesebre. Dios quiere nacer en el pesebre de cada corazón.

 

MISHNA

 Se llamaba Mishna. Tenía unos ojos muy vivos y tendría unos seis años.

Cuando el educador contempló el pesebre que había realizado después de la explicación de la Navidad, quedó sorprendido al ver no un niño dentro del pesebre, sino dos.

Maravillado, llamó a un traductor para que le preguntara por qué había dos niños en su pesebre.

Mishna cruzó los brazos y, observando la escena del pesebre, comenzó a repetir la historia con mucha seriedad y para ser la primera vez que la había escuchado la contó muy bien.

Terminado el relato añadió: “Cuando María puso al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá, y que no tenía ningún lugar a donde ir. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con él.

Le dije que no podía, porque no tenía ningún regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús. Y por eso pensé qué podía regalarle yo al niño. Se me ocurrió que tal vez como regalo le podría ofrecer un poco de calor. Y le pregunté a Jesús: si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para ti? Jesús me dijo que sí, que ese sería el mejor regalo que jamás podría recibir. Por eso me metí dentro del pesebre.

Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre”.

padre Félix Jiménez Tutor

 

 

 

 

 

 

 

 

mons. Oscar Romero

 

 

padre Antonio Diufaín Mora

 

 

Dios continua amando a los hombres

1. "Ha aparecido la Bondad de Dios y su amor al hombre"

Dios es amor y el amor es bondad. Dios es bueno y la bondad ama. Dios es bondad y amor y nos lo manifiesta en un niño. ¿Qué mejor signo de bondad que un niño recién nacido? ¿Qué mejor signo de amor que abajarse Dios a un niño, que hacerse niño? Decimos de una persona infantil e inmadura: es un niño, y lo consideramos peyorativo. Cuando el hombre tanto se quiere elevar y se cree tan grande, Dios inmenso e infinito se achica, se empequeñece y se hace niño. Dios cura la soberbia humana con la humildad divina. Dios nos dice que nos ama anonadándose. Ante el Dios del Sinaí dijeron los israelitas: "No nos hable Dios que moriremos...(Ex. 20,19)". Ante un niño que llora y que sonríe, y que necesita estar prendido del pecho de su madre, y que está totalmente desvalido, el hombre se siente amado por Dios y llamado a amar, más que a temer.

2 "Un ángel del señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y les dijo: "Os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Aquí tenéis la señal: encontaréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre" (Lc. 2,1).

3. Esta revelación exige una repuesta: Compulsar la señal que Dios les ofrece. Aceptar la palabra de su evangelio. Por eso "Cuando los ángeles los dejaron, los pastores se decían: <Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor>" Lucas 2,15. Los pastores-los humildes-, los pobres, los que viven alejados de los pueblos y no pueden cumplir el ceremonial de la ley de los judíos. Pastor fue David, y Abraham y los patriarcas, fueron pastores que escucharon la palabra de Dios y recibieron su visita. Los pastores "fueron corriendo". Obedientes a los ángeles, fueron corriendo. Dejaron su trabajo, los que aún de noche estaban velando. Los ángeles fueron a buscar a quienes velaban, no a quienes a esas horas se estaban divirtiendo. La revelación de Dios la reciben los que están en su puesto, abnegados, solícitos y sin ambiciones.

4. "Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor" Lucas 2,15. Los pastores -los humildes- "fueron corriendo". Obedientes a los ángeles, fueron corriendo. Dejaron su trabajo, los que aún de noche estaban velando. Los ángeles fueron a buscar a quienes velaban, no a quienes a esas horas se estaban divirtiendo. La revelación de Dios la reciben los que están en su puesto, abnegados, solícitos y sin ambiciones.

5. "Y encontraron a María". Una jovencísima madre, más hermosa que el sol. "Dichosa tú que has creído porque lo que te ha dicho el Señor se ha cumplido"(Lc. 1,5).

6. Habían pasado ya las zozobras y se habían solucionado los interrogantes. El Padre, a la hora oportuna y señalada por su providencia, "cuando el mundo y todo estaba en silencio, envió desde el alto cielo su Palabra" (Sb. 18,149). "Y el Verbo se encarnó y nació de María la Virgen" Juan 1,17. Dios nos ha hablado. Antes nos había hablado por los profetas, desde hoy, por su Hijo niño (Hb 1,1).

7 Nosotros vemos la señal también: un Niño, un futuro crucificado. Sabemos que de Belén se pasa al Calvario y creemos que ha venido para morir por nosotros porque El es el Salvador.

8. Jovencísima madre y dichosísima con tu Hijo, que muestras a tus hermanos, sus hermanos, los pastores, a nosotros, que humildes venimos a adorarlo y a que nos de su sol y nos broncee de Dios su fuego incandescente.

9. "Encontraron a José". Ya pasó la noche, José, pasó el invierno y cesaron las lluvias (Cant. 2,11), tus dudas, y quedó tu fe, comprometida por Dios para hacer de pantalla, para ser padre del esfuerzo sin el gozo de la paternidad; el trabajo para sustentar, cuidar y defender a este hijo que cuida de tí cuando tú cuidas de él. Cuando los hombres buscan sus placeres rehuyendo sus deberes, tú te abrazas a los deberes, desprendido del placer, porque el que ama no trabaja y si trabaja ama el trabajo (San Agustín).

Casto José, enseña y fortalece a tu familia, la Iglesia, para que viva excelsamente la luz de la castidad, en medio de una sociedad decadente y ajada por el afán del placer y drogada por el hedonismo y corrompida en su raíz.

10 "María oía a los pastores". Les contaban lo de los ángeles. Y callaba y "meditaba todas estas cosas en su corazón". El silencio, hoy tan difícil, en esta sequía que dura ya tanto en este mundo, en la Iglesia, comunidad de orantes, de hombres que aman y rezan, como designaban los paganos de Roma a los primeros cristianos... Enséñanos a contemplar como tú, para que Dios nos revele las lecciones de Belén.

11 Y hoy, cuando nos acerquemos a comer el fruto de tu vientre en la eucaristía, muéstranoslo como a los pastores, llena de plenitud de gozo lo hiciste, y haz que sepamos encontrarlo en nuestros hermanos, sobre todo en los más pequeños y desprotegidos. Amén.

Jesús Marti-Ballester

 

 

1. Navidad: nacimiento a la fe

Tanto Isaías como Pablo nos invitan a vivir el nacimiento de Jesús como nuestro propio nacimiento a una vida nueva. Navidad (nacimiento) es la celebración del nuevo nacimiento que nos transforma en "pueblo santo".

No cabe duda de que pretender revalorizar hoy el bautismo como el nacimiento del hombre nuevo es una de las tareas más arduas, y quizá también menos convincentes. En efecto, ¿qué nos puede significar un rito que realizamos casi automáticamente y al que nadie le asigna trascendencia histórica ni en la vida del individuo ni en la vida de la comunidad social? ¿No es un simple gesto tradicional que muy pocos asumen en serio? Y, sin embargo, para Pablo está claro que al sumergirnos en las aguas bautismales resurgimos como otros hombres, nuevos, distintos, santos. Tampoco hoy la palabra santo nos dice mucho. Y, sin embargo, ser santo es tener la cualidad o el estilo de Dios; es ser pertenencia del mundo divino, del Reino; es revolucionar totalmente los esquemas y modos de ser del mundo. Somos el pueblo santo, que el mismo Isaías traduce como «pueblo redimido», pueblo liberado.

Y es el mismo Pablo el que nos da el motivo por el cual nuestro bautismo se ha transformado en algo tan insulso y a-histórico. Nos dice que Dios nos ha salvado "con el baño del nuevo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo". Ya hemos reflexionado en anteriores semanas acerca de este tema, mas no está mal que insistamos una vez más.

Toda Navidad es el fruto de la obra del Espíritu que obra en el seno de María. María fue madre por su apertura al viento-fuerza de Dios que la llamaba para cooperar en la obra de la liberación. Y si Navidad es el fruto del Espíritu, si Jesús nace por esa fuerza renovadora.... ¿por qué, entonces, nos cuesta tanto aceptar que no puede renacer un hombre nuevo del bautismo si no dejamos que el Espíritu de Dios lo renueve? Pablo habla de re-novar, es decir, hacer algo nuevo. Esto implica un proceso de transformación y cambio.

Bautizarse es decirle sí al cambio total y profundo que Dios nos propone, así como la Navidad es introducir el cambio radical por medio de Cristo, cambio del que dan testimonio todas las páginas del Evangelio.

El bautismo no dura diez o quince minutos. El nacimiento del Espíritu es un proceso largo y lento que dura toda la vida. Nadie puede decir que está bautizado... Más bien, que ha comenzado a bautizarse. Todos los días sopla el Espíritu, y todos los días hay que renovarse, cambiar, transformar nuestro ser y los esquemas sociales en los que nos movemos. Navidad es el signo de cuánta fuerza tiene el Espíritu de Dios. Pero también de cuánta necesidad tiene hoy la Iglesia de abrirse a su soplo para dejar incubar en su seno al hombre nuevo «liberado por el Señor».

2. Los pastores, prototipos del hombre creyente

Los pastores, el grupo social más despreciado de su época por su rudeza, ignorancia y falta de cultura, los marginados de la estructura político- religioso-social del judaísmo, nos pueden ayudar a dar significado a esta celebración navideña. Lucas los presenta como los primeros creyentes, los prototipos del cristiano, los re-nacidos a la luz de la fe.

¿Cómo caracteriza Lucas la fe de los pastores

- Fueron hombres atentos a la palabra divina que les llegó de noche, en plena tarea de vigilancia. Nadie se interpuso entre esa palabra y el corazón de los pastores. Nuestra Navidad, tan preocupada por compras y alardes mundanos, puede ser una noche triste si no somos capaces de abrir el oído a un mensaje que nos quiere transmitir. Sin esa escucha no hay fe ni bautismo ni navidad. Sin palabra que dé contenido a nuestros gestos, el cristianismo es simplemente un producto fósil.

- Fueron hombres que dieron una respuesta pronta y sencilla; abandonan todo y corren al pesebre para encontrar al niño. No hay bautismo ni fe sin respuesta personal, sin opción.

- Fueron hombres llenos de un gran deseo de «ver» a Jesús. Vieron, o sea, reconocieron al Salvador en el rostro de un niño tendido en la humildad de un pesebre. ¿Dónde está Jesús para que vayamos a verlo? Busquemos a ese niño que llora, a ese pobre que reclama un derecho, a ese anciano que se siente solo y abandonado: allí, en esos rostros veremos a Jesús.

- Fueron hombres que dieron su testimonio fresco y alegre: manifiestan a todos cuanto han oído y visto y proclaman su gratitud al Señor. El cristiano es un testigo: busca, ve y comunica lo encontrado.

Con María y José permanezcamos hoy en silencio, meditando en nuestro corazón cuanto nos va diciendo esta Navidad. Recordemos aquel día en que nacimos a la luz de la fe; recordémoslo tomando conciencia de algo que en su momento nos pasó inadvertido. Como al anciano Nicodemo (Juan 3), esta Navidad nos invita a nacer de nuevo o, si se prefiere, a seguir el proceso de nuestro nacimiento.

No digamos: soy cristiano. Mejor es afirmar: debo nacer cristiano. Me han sumergido en el agua. Ahora necesito renovarme por la fuerza del Espíritu...

Santos Benetti - Cruzar la frontera

 

 

Adrien Nocent - El año liturgico: celebrar a JC 5

 

 

1. La confirmación.

Los pastores siguen -en el evangelio- la indicación del ángel. No solamente debían creer que lo que el ángel les había anunciado era verdad, sino que debían confirmarlo y experimentarlo mediante su propia experiencia. Todo el relato habla de ello. Primero la decisión que toman en común: «Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado». Después, cuando han podido confirmarlo por sí mismos, cuentan lo que han experimentado; y ahora esta su experiencia personal se convierte en confirmación para los que no han oído nada del ángel ni del canto de alabanza celeste, de manera que no sólo los pastores sino «todos los que lo oían se admiraban de lo que decían». Y finalmente se pone de relieve una vez más que los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios tanto por la aparición del ángel como por lo que habían visto en el pesebre, porque «todo había sucedido como les habían dicho». Si reflexionamos un poco sobre nuestra vida cristiana, veremos que también a nosotros se nos exige algo más que una simple fe: constantemente hemos de dar pruebas de que nuestra fe es verdadera y de que también en nuestra gris vida cotidiana transitamos por el camino recto, por el camino que Dios quiere. Estas pruebas pueden ser silenciosas e insignificantes, de suerte que el que espera algo tangible no ve las señales de Dios. Hay que imitar a María, que medita en silencio sobre lo que ha sucedido.

2. "Y ella conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón". María conserva todas estas cosas en su corazón. No olvida nada de lo que tiene relación con el Niño; sabe que todo tiene un significado también para ella y para su misión. En último término, en la historia de cualquier vida cristiana, todo lo que ha sucedido forma -si no se deja caer ninguno de los hilos- un tejido pleno de significado. Si se tiene presente todo lo que ha sucedido hasta ahora y se intenta captar su sentido más profundo, lo inesperado jamás aparece como algo imprevisto. La permanente contemplación por parte de María de todos los acontecimientos de la vida de su Hijo, no es superflua para la renovación y profundización constantes de su sí, hasta la cruz.

3. "Justificados por su gracia".

Las dos lecturas muestran cómo las pruebas o confirmaciones que recibimos son pura gracia de Dios. Nuestras obras y esfuerzos personales no servirían para nada, si no tuviéramos -mediante los sacramentos y la renovación por el Espíritu Santo- la gracia de poder recibir y percibir la «misericordia» de Dios. Toda nuestra existencia está tan impregnada por su gracia que no debemos buscar, entre tibios y distraídos, una vida después de la muerte, sino que debemos dirigir ya nuestra mirada, llenos de una fuerte «esperanza» cristiana, hacia la «vida eterna». Y a la hija de Sión se le dice que debe mirar ya a la salvación que llega como una realidad perfecta. Pues también a ella se le da una prueba: ya puede ver a los primeros hombres ganados por Dios venir delante de él: son los «redimidos del Señor». Para el pueblo veterotestamentario esto significaba que en los profetas recibía constantemente la confirmación de que Dios está realmente a punto de llegar. Para la Iglesia esto significa que en sus santos ella puede reconocer que la palabra de Dios en Jesucristo es verdad, que esa palabra puede vivirse y de hecho se vive; merced a esta verdad se acrecienta la esperanza cristiana.

Hans Urs von Balthasar - Luz de la Palabra

 

 

Pedro Mendoza LC

 

 

Diego Fares sj

 

 

¿La navidad es hoy una buena noticia para los pobres?

La Navidad para muchos es una fiesta de abrazos y regalos, para otros una fiesta de familia, para otros una fiesta de negocio, para otros un exceso de consumo, para otros una fiesta religiosa. Quizás de descarga de las pesadas conciencias de muchas empresas, con el propósito de sacar tajada de su generosidad. Y para la ciudad es un mes de apabullante publicidad, para obligar a comprar y comprar, para vender más y más.

Pero con todo eso no sabemos si hemos perdido el rumbo o es simplemente ignorancia o puro oportunismo de muchas empresas, de tiendas y supermercados. Pero lo que sí es verdad es que la navidad es a una de las fiestas más explotadas por el sistema económico que impera, sobre todo en occidente.

En las iglesias se repiten los mismos discursos sin mayor trascendencia, que de tanto oírlos resbalan como el agua entre las manos o en la arena del desierto. Y sin embargo algo tuvo que pasar con aquel nacimiento para que todavía dure su eco aunque desfigurado por el tiempo y las aguas. Algo que cambió no sólo la historia y el calendario, con un antes y después de Cristo, sino que cambió la historia de mucha gente y con repercusiones sociales de mucha trascendencia, aunque en su nombre también se hayan hecho muchos atropellos, guerras, masacres, torturas y abusos contra personas y pueblos enteros, y que todavía se siguen haciendo como hemos dicho más arriba.

Desde una visión de fe en el Misterio del que participamos todos quiero decir esta palabra, sin enseñanzas ni discursos, sólo con las palabras de Jesús cuando proclama su misión en la sinagoga de Nazaret con las palabras del libro del profeta Isaías: “El Espíritu del señor está sobre mí. Me envió a traer la buena noticia a los pobres. A anunciar a los cautivos la libertad y devolver la vista a los ciegos; a despedir libres a los oprimidos y a proclamar el año de la gracia del Señor”.

El año de gracia del Señor era la devolución de las tierras adquiridas por los ricos de los pobres, que por necesidad tuvieron que vender durante los 50 años anteriores. Y la liberación de los esclavos comprados por deudas no pagadas. Y el pasaje termina: “Al oír estas palabras todos los que estaban en la sinagoga se enojaron mucho. Se amotinaron y lo arrastraron fuera de la ciudad, llevándolo hasta un barranco del cerro en el que estaba construida la ciudad, para arrojarlo desde ahí. Pero él, pasando en medio ellos, siguió su camino” (Lucas 4,14-30).

Muchos profetas como Jesús han perdido la vida, no hace muchos años en Latinoamérica por anunciar estas buenas nuevas a los pobres, voces que nos siguen diciendo que mientras no se den buenas noticias a los pobres y se haga algo de verdad para luchar contra la pobreza, se está desvirtuando la Navidad, si negar las buenas intenciones de estas fechas y las buenas voluntades de muchos de nosotros, pero no parece suficiente.

El año de gracia se anuncia hoy cuando los indígenas, las comunidades campesinas, los señalados y proscritos por su orientación sexual, las mujeres segregadas por su condición sexual y tantos otros y otras se atreven a pronunciar su palabra para defender su dignidad. ¿La Navidad de este 2011 será una buena noticia para los pobres? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Blog católico de oraciones y reflexiones pastorales sobre la liturgia dominical. Para compartir y difundir el material brindado. Crremos que Dios regala Amor y Liberación gratuita e incondicionalmente.

Miguel Esquirol Vives